El primer grito llegó cerca de la medianoche. Un hombre del grupo, flaco y de gafas, corría por la playa descalzo, tropezando con las olas. Algo lo alcanzó: raíces negras y espinosas que salieron de la arena como serpientes, le rodearon las piernas y lo derribaron de golpe. Las espinas se hundieron en la carne. Él gritó mientras le abrían los muslos y le atravesaban el vientre. Sangre oscura brotó a borbotones. Figuras salieron de la selva: cuerpos negros, ojos blancos sin pupilas, manos con uñas largas y afiladas. Le rompieron las costillas con un crujido húmedo y le sacaron las tripas todavía palpitantes. El hombre se ahogaba en su propia sangre mientras una de las criaturas le montaba la cara, frotando una verga negra y gruesa contra su boca abierta hasta que le llenó la garganta. Brad y Timmy escucharon los gritos. Brad se puso de pie de un salto, todavía desnudo, la polla colgando pesada. —¿Qué carajo fue eso?- Kai estaba a su lado, también desnudo ahora, el culo brillante de aceite de coco y del semen de Brad. —La isla se despertó —dijo con calma absoluta—. Necesita ofrendas. Sangre… y otras cosas. Siempre ha sido así.- Ombe apareció entre las sombras, enorme, la barba espesa y negra, la verga ya completamente dura, una monstruosidad negra y venosa que se balanceaba con cada paso como un arma. Señaló a Timmy con un dedo grueso. —Ese. El de culo grande y quejas constantes. Primero él.- Timmy retrocedió, las nalgas temblando visiblemente. —¡Brad! ¡No dejes que me toquen! ¡Por favor! Dos aldeanos lo agarraron por los brazos con fuerza. Brad intentó lanzarse hacia ellos, pero Kai lo detuvo con una mano en el pecho sudado y una sonrisa suave, casi infantil. —No pelees todavía. Míralo. Aprende lo que la isla quiere de nosotros.- Ataron a Timmy a un poste de madera podrida cerca del fuego. Lo dejaron completamente desnudo, las piernas abiertas a la fuerza, el culo enorme expuesto hacia afuera, las nalgas blancas temblando. Kai se acercó, se subió a horcajadas sobre la cara de Timmy y se sentó con todo su peso. El culazo mulato cubrió la boca y la nariz del quejica. Timmy se ahogó, forcejeando, mientras Kai se frotaba despacio, dejando que el agujero se abriera sobre la lengua forzada. —Chupa —ordenó Kai, casi cariñoso—. Chupa bien y tal vez duela menos después. La isla premia a los que cooperan.- Ombe se colocó detrás. Escupió una sola vez sobre el agujero rosado de Timmy, alineó la verga monstruosa y empujó. El grito de Timmy quedó ahogado bajo el culo de Kai. La entrada fue brutal: la cabeza gruesa forzó el esfínter hasta que se abrió con un sonido húmedo y carnoso, y luego el resto del tronco negro se hundió centímetro a centímetro, sin piedad. Timmy se arqueó, los ojos saltones, las lágrimas corriendo por las sienes. Ombe no se detuvo. Empezó a follarlo con embestidas profundas y pesadas, las bolas grandes golpeando contra el culo blanco, el pecho barbudo sudando sobre la espalda. Cada embestida hacía que el trasero de Timmy se deformara alrededor de esa verga imposible. —¡Demasiado… grande…! —logró gritar Timmy cuando Kai levantó un poco el culo por un segundo—. ¡Me parte por la mitad! ¡Brad, haz algo!- Ombe gruñó algo en un idioma antiguo y empujó más hondo, hasta que las nalgas de Timmy quedaron aplastadas contra su pelvis. Brad, atado ahora también a otro poste cercano con cuerdas ásperas, miraba con la polla otra vez dura a pesar del horror. Kai se bajó de la cara de Timmy, se acercó al rubio y se arrodilló delante de él, abriendo las nalgas con las manos. —Ahora tú me usas —dijo, la voz todavía suave—. Mientras mi abuelo termina con tu pareja. La isla quiere ver a los fuertes follar a los suyos.- Brad no respondió con palabras. Cuando lo soltaron lo suficiente, agarró a Kai por las caderas, lo puso de rodillas en la arena y se lo embistió de un solo movimiento. El culo de Kai era más caliente, más elástico, y se abrió con una facilidad casi obscena. Brad lo folló con rabia, mirando de reojo cómo Ombe seguía destrozando a Timmy. El sonido de los dos culos siendo golpeados se mezclaba con los gritos lejanos de otros turistas que estaban siendo cazados en la selva. Uno de ellos, un chico joven del grupo, fue empalado por una lanza de hueso a través del ano hasta que la punta salió por la boca. Lo dejaron temblando, la verga todavía dura por el veneno de las hierbas, mientras le abrían el pecho y le sacaban el corazón todavía latiendo. Sangre por todas partes, salpicando la arena negra. Otro fue desollado parcialmente, la piel de la espalda colgando como una capa húmeda, mientras dos aldeanos se turnaban para follarlo por el culo abierto, gritando en su idioma. Gore barato, excesivo, primeros planos de carne abierta, ojos saltones, vergas rebotando entre tripas y semen. Timmy ya casi no gritaba. Solo gemía y se quejaba débilmente mientras Ombe se corría dentro de él con un rugido bajo y gutural. El semen negro y espeso salió a borbotones cuando la verga se retiró, mezclado con sangre. El agujero de Timmy quedó dilatadísimo, abierto, incapaz de cerrarse, goteando sobre la madera del poste. —Siguiente —dijo Ombe, mirando a Brad con esos ojos antiguos.
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