Published on September 1, 2026

Kai se levantó, el culo todavía goteando el semen de Brad, y se acercó a su abuelo. Se arrodilló en la arena y abrió la boca. Ombe le metió la verga todavía medio dura hasta la garganta. Kai la tomó sin atragantarse demasiado, las nalgas enormes temblando mientras se tocaba la propia polla. Después se giró, se puso a cuatro y ofreció el culo a su propio abuelo. Ombe se la metió sin ceremonias, con la misma brutalidad. Brad, obligado a mirar desde el poste, vio cómo el muchacho mulato se abría alrededor de esa monstruosidad, gimiendo con placer real, casi agradecido. —Más fuerte, abuelo… —susurró Kai, la voz entrecortada—. La isla lo quiere así. Más hondo. La entidad empezó a manifestarse de verdad: una masa de sombras que salía de la tierra misma, con docenas de apéndices que eran a la vez bocas y vergas negras y brillantes. Se abalanzó sobre lo que quedaba de los turistas. Un hombre fue atravesado por tres pollas de sombra a la vez: una por la boca, otra por el culo, otra por una herida abierta en el vientre. Gritó hasta que se le rompió la voz y la sangre le salió por la nariz. Otro fue abierto desde el pecho hasta el pubis y las sombras se alimentaron de sus entrañas mientras lo follaban sin piedad, el cuerpo sacudiéndose en espasmos. Brad y Timmy fueron los últimos. Ombe ordenó que Brad follara a Kai una vez más, esta vez más profundo, más brutal, mientras la entidad observaba desde las sombras. Brad, ya medio loco por el veneno y la lujuria forzada, embistió el culazo mulato hasta que Kai se corrió en cascada, la polla goteando sobre la arena negra. Después Ombe obligó a Brad a abrirle la garganta a Timmy mientras él mismo volvía a meterse en el culo destrozado del quejica. Timmy solo podía hacer ruidos ahogados, los ojos vidriosos, el cuerpo temblando en el poste. El agujero ya no cerraba; solo recibía y goteaba una mezcla espesa de semen, sangre y saliva. Cuando la entidad se sació, se retiró despacio hacia la selva, dejando detrás un rastro de sangre, semen y cuerpos rotos. Ombe se limpió la verga con un trozo de tela sucia y miró a Brad con algo que casi parecía respeto. —La isla te deja vivir. Por ahora. Lleva el recuerdo. Cuéntalo si quieres. Nadie creerá. Brad, herido, cubierto de sangre y fluidos, fue empujado hacia un bote medio hundido que flotaba cerca del muelle. Timmy ya no se movía; su cuerpo colgaba del poste, el culo todavía abierto y goteando. Kai, todavía de rodillas en la arena, se tocaba el culo dilatado y sonreía hacia el mar con una expresión casi dulce. Brad remó hasta que las manos le sangraron y los músculos le gritó. Detrás, la isla seguía latiendo bajo la luna roja. En la playa, algo se removía dentro del cuerpo de Kai. Algo que no era del todo humano. Algo que crecía. Y en el viento que venía de San Sangre, todavía se oía el quejido lejano de Timmy, como si el culo de la isla nunca terminara de abrirse, nunca terminara de pedir más. FIN

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