Esa noche los tres se reunieron otra vez en el sofá. Culos doloridos, satisfechos y orgullosos. Diego levantó la cerveza: —Pacto cumplido, cabrones. Ya nos comimos al imposible. Sebastián se acomodó, dejando que su culo güero se expandiera: —Y todavía nos quedan los de Derecho. Esos sí que se hacen los difíciles. Mateo se rio, sintiendo aún el recuerdo de la verga de su padre: —Somos unas putas de primera. Y nos encanta. Se besaron entre ellos, se bajaron los shorts otra vez y empezaron una ronda entre las tres nalgonas: culos grandes, afeminados y siempre abiertos para el siguiente round. Porque después de conquistar lo imposible, lo más rico era celebrarlo juntos… a puro albur, risa y verga. Fin… por ahora.
Comments (0)
No comments yet. Be the first to share your thoughts!